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 Retrato antropológico (7)

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En el poblado de Kelatza conviven gentes de diferentes culturas, la mayoría siguen siendo iberos partidarios de los antiguos dioses. Hay cristianos hispano-romanos y también comerciantes judíos, uno de ellos Simón tiene conocimientos de hierbas medicinales.

Son las fiestas de la Diosa Epona, y toda Kelatza está en el Santuario. Heliodoro es un sacerdote cristiano. Subido en lo alto de una peña, trata de convencer con su palabra a los kelatzaras para que abandonen a sus antiguos dioses y se conviertan al cristianismo. Está criticando a los godos, que se han convertido a la fe del nuevo profeta Mahoma, de repente aparece en el camino una partida de guerreros godos, y Heliodoro se mea encima, presa del susto. Piensa que le han oído y van a matarle, por fin se tranquiliza, pues son godos amigos partidarios de Rodrigo.

Fabila es un noble, jefe de la partida goda, viene montando un caballo blanco y está herido, huyen de los godos de Witiza y de los mauritanos, están cansados y piden acogerse a las leyes de la Hospitalidad. Aber está confundido, él es un pastor y se pregunta de quién huyen los godos, nunca había habido tantos en Kelatza y su presencia le incomoda, no sabe si es conveniente darles hospitalidad. Igual sus adversarios atacaban a Kelatza.

Cayo y Fabio están sentados en el pórtico de sus casas en Kelatza, son PATER familias descendientes de romanos se han venido a vivir al poblado, en sus haciendas del campo, no se encontraban seguros, conversan sobre la recolección de sus cosechas, y los problemas, por las numerosas partidas de bandoleros en la zona.

Aber se acerca y les pregunta sobre los godos. Cayo, más enterado de la política, le cuenta que había, hace cuatro años, dos jefes godos, Rodrigo y Witiza, que querían ser reyes de Hispania. Había ganado Rodrigo y Witiza había pedido ayuda, a la gente de la antigua provincia romana de Mauritania (Moros) que eran seguidores de un nuevo profeta del Dios de los judíos y de los cristianos y que Witiza y Tarik que era su aliado habían derrotado a Rodrigo. La mayoría de las poblaciones de Hispania se habían rendido sin ofrecer resistencia, pues Witiza tenía muchos partidarios entre los godos; ahora el problema era que los Mauritanos se habían hecho con el poder y algunos jefes godos se habían revelado, Fabila era uno de ellos.

Yo soy el jefe ibero de Kelatza, y me corresponde dar alojamiento a Fabila y los suyos, mando a Aber y varios más que traigan paja, que cojan las ovejas de cada clan, y también trigo, bellotas e higos secos. Extendemos la paja en mi choza para que puedan tumbarse los guerreros y hago venir a Simón el judío para que cure a Fabila. 

Simón pone un recipiente con agua al fuego, cuando está caliente e echa tomillo, romero y rabo de gato, después lo deja enfriar, y lava con este líquido las heridas de Fabila, sobre una piedra machaca, llantén, ruda, diente de león y manzanilla amarga y coloca esta poción de hierbas sobre las heridas.

Aber mata una oveja, y luego la descuartiza y entrega la carne a los hombres de Fabila para que la asen, estos apenas si están asadas, las devoran con gana, pues están hambrientos. Llevan varios días huyendo y apenas si han podido comer.

Han pasado varios días. Simón ha curado diariamente a Fabila. Y este se ha recuperado totalmente. Aber me comunica que vienen mas guerreros godos hacia Kelatza, pero que vienen acompañados de otros que visten de forma distinta. Fabila monta en su caballo y huyen monte arriba, pero unos mauritanos que venían en avanzadilla, les disparan sus flechas y consiguen matarle el caballo de Fabila, pero al final todos consiguen huir, por entre las peñas.

Los godos y mauritanos se quedan en Kelatza a reponer fuerzas, no van a ejercer represalias, los comerciantes judíos y los hispano-romanos son también seguidores de los profetas del libio. Pero a partir de ese momento dejo de ser jefe de Kelatza y un mauritano ocupa mi lugar los ritos y culto sobre Epona y los antiguos dioses quedan prohibidos bajo pena de fuertes castigos.

Voy a mi casa a retirar la paja donde han dormido Fabila y los suyos, para echársela al ganado, Aber ha venido a ayudarme, pero la vamos a tener que quemar toda, porque está toda llena de piojos. Nava mi mujer me pregunta sobre los nuevos gobernantes, me encojo de hombros, nadie nos conoce, no sé qué responder, al parecer, los únicos perdedores somos nosotros los iberos.

© Vicent Navarro 

 

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