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Arte rupestre

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Pinturas rupestres en Henarejos

 


Si volar fuera tan fácil como acompañar el enigma de la imaginación por el entorno del tiempo, sin preguntar, andando el camino, a los ricos ni a los desheredados de los vientos, por el pincel de la historia... Si percibir desde la infancia los recovecos que la Historia ha dejado en el espejo del fulgor de las nubes, estuviera en el programa de la cultura y esa percepción llenara de realidad nuestras alforjas, todo lo que nos rodea tendría una expresión Iógica y adaptada, en condición inexcusable, a la vivencia que en el pretérito configuró la existencia.

Henarejos, es una realidad casi a medias entre la exquisita figura de los textos literarios y la contemplación actual en que los jirones de la batalla perdida, han encontrado las mentes de cuatro iluminados que, ansiosos, recorren los despachos de veinte o cien infieles demonios en la lúgubre mentira de hacer de la mendicidad un arte y ... un desengaño.

Sus  coordenadas  geográficas  están entrecomilladas al Norte por el término de Fuentelespino de Moya; al Sur los de Narboneta y Víllora. Por el Este los de Landete y Garaballa y al Oeste San Martín de Boniches hasta la Menglana y el Royo, que hombro con hombro, se encuartan en el áspero pedregal que lleva a la Veguilla de Víllora tras atravesar el Collado Rufel (1.098 metros) y Las Tabarrosas, en el término de Villar del Humo.

Hace ya seis años, Benja -buena persona y excelente forestal, nacido en Boniches que cumpliendo con sus labores profesionales en Henarejos- vigilaba una corta de pinos en la Dehesa Boyal, detrás de los Cerrajones, por la falda que corta la Cerrá. Llovía y por ese afán del destino fueron a guarecerse a la cueva del Tío Modesto. Me comentaba después: "Hay unas pinturas en tu pueblo de belleza insospechada y un panel perfecto, de calidad semejante a las de Villar del Humo. Es una escena correcta y llena de magia" Efectivamente, desde Henarejos, por el camino de Moya  -Real o de Chelva- en dirección Este, parte el camino que nos conduce al abrigo del Tío Modesto; por cierto, bien señalizado con enseres de otrora: pértigo de carros de par, arados, vertederas, yugos de par... realizado en el año 1999 por el afán y entusiasmo de mi buen amigo Emilio Gualadajara, acompañado de la algarabía de quince o veinte muchachos que estuvieron en la escuela de verano. El abrigo está situado en la punta sur de un farallón de riscas de arenisca, desde donde se domina todo el valle y la vista se pierde en la longuera de la Sierra de Mira -hoy plantada de molinos gigantes: iQué son molinos!, ¡que son gigantes, amigo Sancho!

El mural pintado se halla en la parte superior del abrigo, protegido por una preciosa verja de hechura austera, obra y factura de Juan Julián Martínez.

Las pinturas se agrupan cronológicamente, en el contexto del Arte Rupestre del Levante Español, recientemente declarado Patrimonio de la  Humanidad, aunque en los catálogos no figura como tal, porque su descubrimiento es posterior a la tal declaración, aunque me consta que la Delegación de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, ha iniciado los trámites precisos para que sean incluidas en el catálogo del mismo.

 

Panel de las pinturas rupestres de Henarejos

Es un panel figurativo, de 100 por 80 centímetros, en el que se mezclan personajes reales, en trazo lineal, con una clara actitud venatoria, realizada sobre unos esquemas figurativos con clara simbología ritual -hombre/mujer- en tonos ocres, marrones y rojizos. En su parte derecha e inferior se halla descascarillado, no sabemos si por las inclemencias del tiempo o por la mano del hombre, ya que por el vértice superior aparecen unas líneas rojizas y se pierde la continuidad del cuadro por debajo de una fila de hombres y mujeres. En la porción inferior e izquierda, hay una silueta rojiza y amorfa que destaca sobre el blanco del fondo: un gran ofidio, un jabalí, un oso...?. En el centro, las tres figuras principales del abrigo: una cabra herida dando el úItimo salto, en los estertores de la agonía; a su izquierda, las ancas de otra cabra humillada y cayendo muerta por las flechas de los guerreros. Guerreros que, situados en la parte superior, lanzan flechas, se arrastran en actitud de sorprender a los cérvidos y, uno de ellos, con el gorro ibero, sus genitales al aire y los brazos en cruz, sostiene runa honda en su mano derecha. Debajo del ciervo de la derecha, se aprecia el desconsuelo de la muerte en un guerrero caído y sin aliento, mientras otro cazador por detrás, tiene extendido el brazo izquierdo sujetando el arco y con el brazo derecho tensa la cuerda dispuesto a disparar. Seguramente una parte de la pintura se debió realizar en la primavera, cuando los ciervos han perdido la cuerna (desmogue). Una Z invertida parece un hombre en actitud orante y el resto, líneas quebradas con un punto central, hombres y  mujeres formando corro, prototipo del arte figurativo - ¿festejan el éxito de la cacería o hacen corro para recibir a los cazadores, o...?. También el guerrero situado en el centro de la imagen, por encima de la cabra herida, parece que ha resultado herido, porque tiene la pierna derecha doblada, con la rodilla en tierra, las manos apoyadas en el suelo abandonadas.

Se puede decir de todo en cuanto a las formas, y la imaginación puede volar para situar esta escena entre los ritos religiosos, la celebración del buen resultado de la cacería o la tristeza por la muerte de dos guerreros.

En el Paleolítico Superior (45.000-9.500 años antes de Cristo) se inventan el arco y las flechas. A partir de ese momento empieza la cultura de la caza y se empiezan a ver, en los abrigos del Levante, representaciones de la misma. Su datación es posterior a las del Norte español (los animales allí representados son de épocas anteriores y aparecen en cuevas profundas de hasta un kilómetro de galería). En el Mesolítico, el clima es más benigno, han desaparecido las glaciaciones, el ambiente es más húmedo y hay más hierba, por lo que la fauna cambia de localización; aparecen el ciervo y el jabalí y los équidos empiezan a domesticarse. El hombre pastorea y caza y, aunque ya empieza a construir viviendas rudimentarias, sigue usando las cuevas para protegerse de las inclemencias del tiempo. A partir de ahí, desde los 9.500 años a. C., podemos situar la realización de estas manifestaciones del arte, como señala la identidad del hombre primitivo. Por las características de la representación del panel referenciado, se puede hablar de un primer artista o grupo de artistas, que plasmó su realidad esquemática con figuras estilizadas a las que se añadieron, en una época posterior, ciervos, cabras... y guerreros/cazadores, llegando a formar un delantal de belleza impresionante.

La Cátedra de Historia Antigua de la  Universidad de Alcalá de Henares está llevando a cabo un estudio exhaustivo para determinar la época exacta de la realización del mural y perfilando los detalles, uno por uno, de todas y cada una de las figuras que adornan este abrigo.

Texto: José Francisco Dimas Nuñez.

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